Lo ideal antes de comprar o consumir un alimento es que se adquiera el hábito de leer su etiqueta, ya que eso es algo que no debemos dejar pasar si queremos perder peso.

Pero ¿Por qué es importante saber leer una etiqueta nutricional?
Saber leer una etiqueta nutricional es nuestro seguro de vida para asegurarnos que ese producto light o bajo en grasa, no compensará esas calorías o grasas de menos con una enorme cantidad de azúcar.

Leer las etiquetas nutricionales cobra mayor importancia aún para aquellas personas alérgicas a determinados alimentos o componentes (personas con celiaquía, alérgicos o intolerantes a la lactosa, alérgicos a los frutos secos, etc) ya que, es la única manera en estos casos de estar seguros de que realizaremos un consumo seguro de los alimentos.

¿Qué es una etiqueta nutricional?
La etiqueta nutricional es la identificación del producto que compramos en el supermercado y nos ayuda a seleccionar los alimentos de una forma responsable e informada. Todos los alimentos envasados están obligados a llevar esta etiqueta que nos habla de sus ingredientes y el contenido de azúcares totales del producto en la tabla nutricional.

Así, una etiqueta nutricional nos proporciona toda la información necesaria sobre un alimento: a través de ella conocemos las cantidades de macronutrientes que contienen (carbohidratos, proteínas y grasas), la cantidad de kilocalorías por 100 gramos del producto y por ración (que puede ser más pequeña, generalmente de 30 gramos), la cantidad de micronutrientes que nos aporta (porcentaje de vitaminas y minerales sobre el total diario que debemos consumir) y la lista de ingredientes que lo forman.

¿Cómo se lee una etiqueta nutricional?
En la etiqueta nutricional encontramos varias partes diferenciadas. Por un lado tenemos la tabla nutricional en la que aparecen las cantidades de kilocalorías, macronutrientes y sal o sodio tanto por 100 gramos de producto como por ración. Si queremos comparar dos productos diferentes lo más adecuado es fijarnos en la composición por 100 gramos, ya que el tamaño de las raciones puede cambiar de uno a otro.

¿Cuánto es demasiado en el caso de las kilocalorías o los macronutrientes?
No podemos decirlo en base a un solo alimento, sino que deberíamos poder encajar esos macronutrientes y calorías en el total de nuestra dieta. Pero para lo que sí viene muy bien es a la hora de comparar dos productos que pueden parecernos muy semejantes: en este caso podemos optar por aquel que tenga menos calorías, que contengan menos azúcar o menos grasas saturadas.

En la tabla nutricional suelen aparecer también los porcentajes de cada uno de los macronutrientes en relación al consumo total diario que tenemos que realizar (generalmente sobre un consumo de 2.000 kilocalorías diarias, que es el recomendado para un adulto). Esto nos puede ayudar a la hora de seleccionar los alimentos que vamos a comer cada día: ¿llega la hora de la cena y todavía no has tomado nada de proteína? Entonces una buena idea sería optar por un alimento en el que el porcentaje de proteínas fuera más alto que el de carbohidratos, por ejemplo, una pechuga de pollo.

Otro de los apartados de la etiqueta nutricional es el listado de ingredientes: en él se detalla, de mayor a menor presencia, cuál es la composición del producto. Es importante que tengamos en cuenta que los primeros elementos que aparecen en la lista son los que se encuentran en mayor cantidad dentro del producto. Así, si vemos un producto cuyo primer elemento en la lista es azúcar o grasa de palma, podemos buscar una alternativa más saludable.

También están presentes en la etiqueta nutricional los valores de micronutrientes que contiene cada producto: el porcentaje de vitaminas y minerales de dicho producto aparece con un porcentaje sobre la cantidad diaria recomendada.

Aunque consultar el etiquetado de los alimentos produzca una reducción muy pequeña en el índice de masa corporal, cualquier preocupación extra que incida en este sentido siempre será bienvenida en un mundo donde el sobrepeso y la obesidad se ha convertido en una epidemia mundial.

El sobrepeso y la obesidad son uno de los principales problemas médicos. Por ello, no solo debemos cuidar lo que comemos y la información nutricional de lo que compramos, sino también mantener una serie de hábitos saludables.

Los fundamentales son mantener una dieta rica y variada en la que abunden las frutas y las verduras y evitar los alimentos ricos en grasas saturadas y bollería industrial. Una buena alimentación también debe complementarse con la práctica de ejercicio regular, al menos media hora tres días a la semana. No solo así sufriremos menos enfermedades, sino que además luciremos un aspecto más saludable.